martes, 6 de septiembre de 2011

La nada.

-No tengas verguenza y entra, aquí eres bien recibida.
La voz sonó lejana, pero procedía del cajón frente al que me encontraba. Mis ojos curiosos rondaban por cada milímetro de aquel pedazo de madera, estudiandolo con total detalle. Con paso tembloroso me fui acercando hasta que aquella voz me resultó completamente audible.
-Ven, no tengas miedo, no hay nada que temer.
Con mis manos acaricié todos sus grabados y observé con inquitud su añejo candado de hierro ya oxidado por el paso del tiempo, realmente era algo mágico... Dudé por un instante de lo que estaba haciendo, pero algo en mi interior me empujó a seguir adelante, así pues, con extrema delicadeza deslicé el cierre de la caja. Una bocanada de polvo inundó el ambiente. Agité las manos con mucho esmero para disipar aquella nube densa de mugre que bañaba ya mi cara, y que fue lo que encontré? La nada.
Algó de golpe agitó mi cuerpo con fuerza y me dejó débil, tanto que caí al suelo de rodillas.
Con las manos aun sin fuerza y el cuerpo entumecido, empecé a comprender. Acababa de sucederme algo realmente espectacular, fue una sensación que jamás había experimentado antes... pero ahora, lo tenía todo claro. 
Él me había elegido y yo, debía cumplir con la otra parte del trato.
ASÍ PUES, SEAN BIENVENIDOS A MI PEQUEÑO CAJÓN DESASTRE.

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